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<aside> <img src="attachment:1832d8d4-a2f4-4ced-a23e-f0b430c8db58:161779.jpg" alt="attachment:1832d8d4-a2f4-4ced-a23e-f0b430c8db58:161779.jpg" width="40px" />

la fragua nunca permanecía completamente en silencio, incluso cuando las llamas se reducían a un resplandor tenue y los martillos descansaban sobre los yunques, siempre quedaba el eco del metal enfriåndose lentamente, un crujido casi imperceptible que dominick había aprendido a interpretar desde el primer día que cruzó las puertas de la cabaña de hefesto.

para muchos era un sonido cualquiera; para él era la prueba de que toda creación necesitaba tiempo para asentarse antes de soportar el siguiente golpe, la guerra no era distinta ... no nacía en el momento en que las espadas se cruzaban, sino mucho antes, mientras manos invisibles colocaban cada pieza en el lugar correcto sin que nadie reparara en ello.

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esa noche volviĂł a abandonar el campamento cuando la mayorĂ­a de los semidioses dormĂ­an, su ausencia no despertarĂ­a sospechas; un hijo de hefesto en turno de guardia podĂ­a desaparecer durante horas con la excusa de buscar materiales, revisar trampas o probar algĂșn invento lejos de las cabañas. habĂ­a convertido aquella mentira en una rutina tan convincente que incluso los mĂĄs observadores habĂ­an dejado de prestarle atenciĂłn, era precisamente esa invisibilidad la que luke habĂ­a visto en Ă©l desde el principio.

se lo dijo la primera vez; no necesitaba un guerrero que llamara la atenciĂłn ... necesitaba un engranaje capaz de moverse sin que nadie advirtiera que la mĂĄquina estaba cambiando por dentro.

castellan lo esperaba donde el bosque comenzaba a tragarse la luz del campamento, permanecĂ­a inmĂłvil, con la expresiĂłn serena de quien contemplaba un tablero cuyo desenlace ya conocĂ­a apenas llegĂł nick le entregĂł el cuaderno que llevaba oculto bajo la chaqueta. en sus pĂĄginas descansaban semanas enteras de observaciĂłn : patrullas, cambios en la vigilancia, movimientos de los consejeros, nuevos campistas y puntos vulnerables de la frontera mĂĄgica. el hijo de hermes pasĂł las hojas con rapidez, satisfecho, aunque no tardĂł en cerrar el cuaderno con un golpe seco que resonĂł entre los ĂĄrboles.

——— has hecho un buen trabajo. tĂș y dain han sido Ăștiles ... pero la guerra ya no necesita ojos. ——— dominick le sostuvo su mirada sin responder, conocĂ­a ese tono ... cada vez que el otro semidios hablaba asĂ­ significaba que una etapa habĂ­a terminado.

——— necesita manos. ——— aquellas dos palabras pesaron mĂĄs que cualquier otra orden recibida hasta entonces, luke comenzĂł a caminar despacio alrededor de Ă©l mientras hablaba, como si estuviera examinando la resistencia de una espada antes de decidir si era digna del campo de batalla. explicĂł que el momento de permanecer ocultos estaba llegando a su fin, cronos necesitaba aumentar sus filas y el campamento mestizo era el mejor lugar para encontrarlas ... habĂ­a demasiados semidioses decepcionados, demasiado resentimiento acumulado durante años de promesas incumplidas. hijos de dioses menores ignorados por sus padres divinos, campistas cansados de obedecer Ăłrdenes que nunca parecĂ­an beneficiarles, jĂłvenes convencidos de que los dioses sĂłlo recordaban su existencia cuando necesitaban otra guerra que pelear y no hacĂ­a falta inventarles motivos, bastaba con recordarles los que ya tenĂ­an.

——— quiero que tĂș y dain empiecen a buscarlos ——— dijo finalmente, deteniĂ©ndose frente a Ă©l. ——— no a cualquiera ... sĂłlo a aquellos que ya estĂ©n empezando a hacerse las preguntas correctas. los reconocerĂĄn cuando los escuchen hablar del olimpo con amargura, cuando entrenen con rabia en lugar de orgullo, cuando miren este lugar y dejen de verlo como un hogar. ———

nick permaneció inmóvil, escuchando cada detalle sin interrumpirlo, luke no buscaba simples reclutas; buscaba grietas y las grietas siempre habían sido el principio de cualquier derrumbe. el hijo de hermes era para él un ejemplo claro.

——— dain sabe moverse entre la gente y tĂș inspiras confianza. eres constante, trabajador, el tipo de campista al que cualquiera confiarĂ­a un secreto sin pensarlo dos veces ... juntos podrĂĄn abrir una puerta que nadie verĂĄ hasta que sea demasiado tarde. ——— el bosque volviĂł a guardar silencio, a lo lejos apenas se distinguĂ­an las luces del campamento, cĂĄlidas e inocentes desde aquella distancia. el hijo de hefesto pensĂł en todos los rostros con los que compartĂ­a entrenamientos, comidas y guardias, algunos le habĂ­an prestado herramientas cuando las necesitĂł ... y otros habĂ­an luchado a su lado durante capturas de bandera. todos creĂ­an conocerlo pero ninguno sospechaba que cada conversaciĂłn, cada gesto de confianza y cada vĂ­nculo construido durante meses formaban parte de un mecanismo mucho mĂĄs grande que Ă©l mismo.

luke rompiĂł el silencio una Ășltima vez.

——— cuando estĂ©n listos, los sacaran del campamento poco a poco. ——— señalĂł. ——— sin levantar sospechas los van a conducir hasta la costa, donde el princesa andrĂłmeda estarĂĄ esperando una vez ahĂ­ recibirĂĄn entrenamiento, armas y un propĂłsito. quiero que, cuando llegue el momento de atacar, ya no sean campistas perdidos ... sino soldados de nuestro ejĂ©rcito, incluĂ­do tĂș y mi hermano. ———

aquellas palabras marcaban un antes y un despuĂ©s. hasta entonces, dominick habĂ­a sido un observador. habĂ­a recopilado informaciĂłn, transmitido movimientos y señalado debilidades ... reclutar era diferente eso significaba mirar a otros semidioses a los ojos y convencerlos de abandonar el Ășnico lugar que habĂ­an llamado hogar. significaba construir la guerra con sus 𝒑𝒓𝒐𝒑𝒊𝒂𝒔 𝒎𝒂𝒏𝒐𝒔.

sin embargo, toda forja llegaba inevitablemente al momento en que el metal debĂ­a entrar al fuego. inclinĂł apenas la cabeza, aceptando la misiĂłn sin necesidad de pronunciar una sola palabra. el hijo de hermes entendiĂł el gesto y esbozĂł una sonrisa apenas visible antes de internarse entre los ĂĄrboles hasta desaparecer por completo.